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El éxtasis de soraya (Chica y perro) Relato zoofilia

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El Éxtasis de Soraya

Habían pasado diez años de la mayoría de edad de Soraya. Ésta se había convertido en una joven y preciosa adulta, con las ideas muy claras, pero su vida estaba cargada de problemas.

Cuando supo que su padre la había localizado y se había instalado como vecino suyo no tuvo más remedio que huir, dejando atrás sus estudios y su trabajo.

Decidió coger un tren a Madrid. Ya que sus ahorros no eran demasiados, consiguió un piso de alquiler en un barrio de Madrid, muy cerca del barrio de Chueca.

Al llegar al piso la recibió la casera, una mujer de unos 60 años con muy mala pinta y muy malos modales.

– Hola, soy la nueva inquilina del tercero. Me llamo Soraya.

La mujer no contestó. Cogió una llave de un llavero, y se dirigió a las escaleras. Soraya fue tras ella. Subieron por unas escaleras, hasta el tercer piso. La casera abrió uno de los pisos y le indicó que entrara.

El piso era pequeño, y prácticamente todo estaba junto: la cocina, el comedor, y al fondo dos habitaciones. De pronto, de una de ellas, salió una chica. Se acercó a Soraya y le tendió la mano en forma de saludo:

– Hola, qué tal, me llamo Patricia. Voy a ser tu compañera de piso.

Soraya se quedó muy sorprendida, ya que esperaba que el alquiler iba a ser para ella sola.

– No me dijo usted que tendría una compañera de piso.

– ¿Qué te creías, mocosa, que iba a ofrecerte por un alquiler tan barato? Si no estás conforme, ya sabes dónde está la puerta – dijo la casera de muy malos modos.

– Tranquila, doña Jacinta, no se ponga usted así, claro que quiere quedarse, ¿a que sí? – dijo la chica, lanzando un guiño a Soraya.

– Pues…sí, claro…

– Además, vamos a ser buenas compañeras, verás qué bien lo pasamos juntas.

– Eso espero, que no me deis guerra…y sobretodo, nada de hombres, que ya tengo bastante con una puta en el edificio.

– Usted siempre tan simpática….

– Lo dicho, aquí tienes tu llave, te recomiendo que seas puntual al pagarme el alquiler o te pongo de patitas en la calle…y nada de hombres, si queréis follar, os vais a un hotel.

Le dio la llave y salió del piso.

– Menudo carácter tiene la vieja… – dijo Soraya.

– No le hagas caso, mucho ladrar, pero no muerde. Me llamo Patricia, bienvenida.

– Encantada. Yo me llamo Soraya. Disculpa que me haya quejado por lo de la compañía, pero es que esperaba que iba a vivir sola.

– Tranquila, no pasa nada. De todos modos, ella tiene razón, por el precio que pagarás no habrías encontrado nada para ti sola. ¿Necesitas dinero, trabajo?

– La verdad es que sí, me he venido con lo puesto de Barcelona.

– Yo te podría encontrar trabajo, aunque no sé si te gustaría.

– ¿A qué te dedicas tú?

– Yo…trabajo de stripper en un club.

– Uau….vaya…bueno, no me extraña, con ese cuerpo…

– Gracias…Veo que no te has escandalizado, he tenido otras compañeras de piso que no les ha hecho ninguna gracia.

– A mí no me importa eso. ¿Y de qué podría trabajar?

– Bueno, quizá te podría conseguir un trabajo de camarera, aunque te aviso que ganarías muy poco, y tendrías que aguantar a mucho baboso. O también….

– Sí….

– Bueno, mi jefe tiene varios negocios, relacionados con…ya sabes, con el sexo. Tiene sex-shops, clubs nocturnos y también una productora de cine.

– ¿Productora de cine? Eso suena bien.

– Bueno, no es lo que te imaginas, hace películas porno poco convencionales.

– Eso qué significa…

– Bueno, pues que hace películas un poco bizarras, poco comerciales, por ejemplo de meadas, cagadas, sexo con animales…bueno, no sé si conoces este mundillo…

– Bueno, la verdad es que un poco sí que lo conozco.

– Si quieres te vienes esta noche conmigo y te presento. Pero si escoges lo de hacer cine, te recomiendo que vayas con cuidado.

– ¿Por qué?

– Bueno, porque mi jefe paga muy bien, pero es un poco cerdo, le gusta que las chicas hagan todo lo que les pide, y una vez firmas el contrato es complicado negarte.

– ¿Lo dices por experiencia?

– La verdad es que sí.

– ¿Qué es lo que te pidió hacer?

– Bueno, quería que me lo montara con un perro en una de las películas. Accedí a que se mearan encima mío, pero no pude hacer lo otro, y tuve problemas con él. Al final tuve que quedarme a hacer de stripper en el local, mientras no se acabe el tiempo del contrato que firmé.

– Bueno, la verdad es que a mí no me da miedo tener que hacer nada de eso, mientras me pague bien.

– Vaya, veo que eres una chica lanzada. Bueno, ya veremos si eres tan atrevida como dices. Coge tus cosas, que voy a enseñarte tu habitación. Si quieres dúchate, y nos vamos a mi trabajo.

– Vale.

Pasada una hora, Soraya y Patricia salieron del piso en dirección al local donde trabajaba esta última. No se encontraba muy lejos, así que fueron andando. Al cabo de quince minutos, entraban por la puerta.

– Hola, Patri, cómo está mi zorra favorita… – dijo el vigilante que había en la entrada.

– Pues muy bien, Pepe, traigo una nueva amiga que quizá esté interesada en trabajar con nosotros.

– Ah, estupendo, aunque creo que en la barra ya sois demasiadas chicas.

– No creo que vaya a trabajar en la barra, creo que le interesa más lo otro.

– ¿En serio?…mmm…veo que tienes una amiga atrevida…Supongo que le habrás contado todo lo que debería ser capaz de hacer.

– Sí, claro, y parece que está dispuesta a todo.

– Adelante, pues. Bienvenida al club…

– Gracias.

Entraron en el local y se dirigieron directamente al fondo, hacia una puerta en la que había colgado un cartel de privado. Soraya entró tras Patricia. Tras la puerta había una sala medio vacía, con un sillón en medio, a modo de sala de espera, y un armario en la pared.

– Aquí es dónde descansamos después de cada sesión en la barra, pero también sirve para otra cosa.

Se acercó al armario y presionó un botón. En la pared se abrió una puerta que estaba oculta.

– Ven, entra.

– ¿Adónde me llevas? – contestó Soraya un poco temerosa.

– No te preocupes, no te va a pasar nada, pero no pretenderás que mi jefe haga este tipo de películas en un sitio al que todo el mundo tenga acceso.

– ¿Y por qué me lo enseñas a mí?

– Pues porque veo que vas a ser capaz de hacer todo lo que te pidan, y mi jefe seguro que se pondrá muy contento contigo…y conmigo, claro. Así que entra, que no tenemos todo el día.

Soraya lo pensó durante unos segundos, pero su situación no era para pensárselo. Sin trabajo no podría pagar el alquiler. Patricia atravesó el umbral de la puerta, y Soraya tras ella.

Bajaron por unas escaleras. Soraya calculó que habría unas dos plantas de altura. Finalmente llegaron a otra puerta.

– Espérame aquí, ahora vuelvo – dijo Patricia.

Desapareció tras la puerta y la cerró. Al cabo de 5 minutos la volvió a abrir.

– Ya puedes entrar.

Soraya se acercó a la puerta y entró en la sala. En ella pudo ver un gran despacho, con una mesa en el centro, y en los laterales una especie de decorados. Imaginó que serían para grabar las películas. En la mesa, apoyado en uno de los bordes, había un hombre, acompañado de otros dos que aparentemente lo escoltaban. Dedujo que era el jefe de Patricia, y que ellos eran sus matones.

– Bienvenida a mi humilde despacho. Disculpa todo lo que has tenido que pasar, pero comprenderás que lo que hacemos es un poco secreto.

– No pasa nada. Deduzco que todo este secretismo se debe a lo que se hace aquí abajo.

– Chica lista…Patricia me ha comentado que no quieres trabajar simplemente de camarera, que necesitas ganar más dinero.

– Sí, para trabajar de camarera siempre estoy a tiempo. Creo que tengo capacidad para hacer otras cosas.

– ¿Te ha dicho qué tipo de películas rodamos aquí?

– Sí. Creo que vuestra especialidad son las películas de zoofilia.

– Exacto. Por tu cara entiendo que no tienes ningún reparo en…ya sabes…

– No, en absoluto.

– ¿Y qué más cosas serías capaz de hacer?

– Pues creo que lo que me pidan, mientras no sea hacerme daño físico.

– No te preocupes, eso no nos va a ninguno de los que estamos aquí, al menos a mí, que soy el director, productor y guionista de las películas.

– ¿Es usted el que las filma?

– Bueno, en realidad mi hija me ayuda. Está estudiando para trabajar en el cine, como cámara.

– Supongo que aquí aprenderá mucho.

– Y tanto. Precisamente viene de camino para hacerte una prueba.

– ¿Una prueba?

– Sí, claro. Lo que me has dicho está muy bien, pero tendremos que comprobar primero si es verdad que eres capaz de hacer todo lo que dices. Evidentemente, la prueba la tendrás que hacer gratis.

– ¿Gratis? ¿En serio cree que voy a hacer esto gratis?

– Vamos, no seas remilgada. Seguro que no es la primera vez que haces esto gratis….o quizá es al revés, nunca lo has hecho cobrando dinero. ¿Acaso me equivoco?

– Tiene razón, nunca me han pagado por hacer algo así.

– Pues entonces no deberías tener ningún problema para trabajar con nosotros, a fin de cuentas será lo mismo que has hecho hasta ahora, con una única diferencia.

– ¿Y cuál es?

– Pues que hasta ahora has hecho lo que has querido, y ahora deberás hacer lo que te pidan. Espero que no tengas ningún problema con esta cláusula.

– No siempre he hecho lo que he querido, también me han obligado a hacer cosas, así que no me asustan las reglas que podáis poner.

El teléfono del director sonó, y éste descolgó.

– Si, querida, estamos listos. Solamente falta que ella firme. Espera un momento.

Tapó un momento el auricular y se dirigió a Soraya.

– Mi hija está esperando fuera, si tienes algún problema para trabajar con nosotros es momento de que lo digas.

– No, no hay ningún problema.

Volvió a hablar por el teléfono.

– Querida, ya puedes entrar, no hay ningún problema.

Al cabo de unos minutos la puerta de la sala se abrió y entró una chica joven. Se acercó a la mesa, y le dio un abrazo a su padre.

– Hola, papá, veo que por fin tienes un trabajo especial para mí.

– Sí, querida, parece que he encontrado para ti algo que merece la pena, y podrás practicar mucho con la cámara. Por cierto, te presento a Soraya, va a ser nuestra nueva “estrella”.

– Encantada.

– Lo mismo digo.

– Espero que te portes bien y ayudes mucho a mi hija. Nuestras películas juegan mucho con los primeros planos, así que tendrás que trabajarlos mucho con ella.

– No hay problema.

– ¿Podemos empezar ya?

– Sí, claro, cuando quieras.

La chica sacó de una maleta una cámara de vídeo y se la colocó al hombro.

– ¿Creo que falta alguien, no? – dijo mirando a su padre.

– Ah, sí, claro, falta tu compañero de reparto.

Chasqueó los dedos y uno de los matones salió de la sala. Al cabo de unos minutos, volvió a entrar con un perro de grandes dimensiones.

– A partir de ahora tendrás que hacer todo lo que te digamos, sino no hay trato.

Esperó atentamente la respuesta de Soraya.

– Vale, acepto. Dime qué tengo que hacer.

– Bueno, eso díselo a mi hija, hoy será la que dirija la grabación. Por cierto, se llama Teresa.

Teresa dejó la cámara en el suelo y se acercó a Soraya.

– Quiero que te acerques al perro y le hagas una paja. Mientras yo grabo, en todo momento tienes que mirar disimuladamente a la cámara. Supongo que no hará falta que te guíe, tú solita sabrás hacerlo.

– Sí, claro.

Teresa cogió la cámara de nuevo y empezó a grabar. Soraya, se acercó al perro, que permanecía atado a la pata de la mesa. Se sentó en el suelo y empezó a acariciarlo. Su mano izquierda le acariciaba el lomo para tranquilizarlo, mientras la derecha empezó a tocar su polla. Siguió frotándola cada vez un poco más rápido, y poco a poco fue bajando la piel que la recubría. El perro era un pastor alemán. Soraya no recordaba haber visto la polla a ningún perro de esa raza, y su rostro era de curiosidad por compararla con otras que había visto. No tardó en aparecer la punta de la polla, y de ella empezaron a salir algunos chorros de semen. Decidió entonces coger la polla con las dos manos y menearla más rápido. La polla tenía un tamaño considerable.

– Ahora quiero que te la metas en la boca y que la chupes. Ten en cuenta que grabaré primeros planos, así que quiero que mires a la cámara mientras lo haces y que lo hagas con lascivia.

Soraya hizo lo que le pedían. “Tengo que hacer lo que me pidan, necesito el dinero”, pensó. Acercó lentamente su lengua bajo las patas del perro, de modo que la polla quedaba directamente sobre su boca. Empezó a lamer la punta suavemente. En la cara no paraban de caerle gotas de semen, que iba recogiendo con los dedos y metiendo en la boca.

– “Madre mía, esta tía es una guarra”- pensó Teresa. Acercó un poco más la cámara a la cara de Soraya. Desde la cámara la polla aún se veía más grande de lo que era en realidad. Por momentos Teresa se puso muy cachonda. “Uff…si me san ganas de unirme a ella, cómo puede ser….No, tengo que quitarme esa idea de la cabeza…”.- Tú, ven aquí – gritó mirando a Patricia. – Ayúdala.

– ¿Yo? Ni hablar, ya sabéis que a mí no me va nada de esto – dijo Patricia.

– Te fastidias, tenemos un contrato firmado, y lo cumplirás quieras o no – contestó Teresa.

Patricia se acercó resignada a Soraya.

– ¿Qué debo hacer? – preguntó.

– Coge la polla del perro y sujétala, para que ella la pueda mamar mejor. Pásala por detrás de las patas traseras, y aguántale la cola para que no moleste.

Teresa hizo lo que le pedían, cogió la polla del perro y la sujetó con fuerza. Mientras, Soraya se ponía a cuatro patas frente a ella, y empezó a mamarla con avidez. El perro no tardó en soltar abundantes chorros de semen, que fueron cayendo por la comisura de su boca.

– No dejes que caiga nada. Cógelo y dáselo – dijo Teresa mirando a Patricia.

Ésta hizo lo que le pedían. Recogió los hilillos de leche caliente que salían de la boca de Soraya. Notó que el semen era viscoso, más que el de un hombre, y que no paraba de salir. Con un dedo lo recogió y lo metió en la boca de Soraya. Ésta dejo de mamar y chupó el dedo suavemente, mirando con disimulo a la cámara. De repente dejó de mamar y acercó su boca a los labios de Patricia, besándola con pasión.

– ¿Pero qué haces, estás loca? – gritó Patricia.

– No te hagas la mojigata y déjate llevar, que tampoco es para tanto, no deja de ser lo más parecido al semen de un hombre – afirmó Soraya.

– Hazlo o te arrepentirás – gritó su jefe.

Patricia no tuvo más remedio que hacer lo que decían. Se dejó llevar. Sintió como la lengua de Soraya se abría paso dentro de su boca, y notó como la leche caliente se movía dentro de ella. Tuvo la sensación de saborear el semen de un hombre, a fin de cuentas no parecía muy diferente, a excepción de la cantidad y la viscosidad de éste.

– Ahora trágalo – dijo Soraya.

Patricia cerró los ojos, lanzó un suspiro y tragó. Notó como por su garganta pasaba el líquido caliente y viscoso y esta sensación le produjo una sensación nueva para ella. “Me ha gustado” – pensó. “Y quiero más”.

– ¿Te gusta? – preguntó Soraya.

– Es extraño, pero no me ha disgustado…pensé que me daría mucho asco..en cambio…

– ¿Es muy parecido al de un hombre, no crees?

– Bueno, la cantidad es mucho mayor que la de un hombre, pero sí, es parecido.

– Entonces, creo que ahora debes dar el siguiente paso. Toma, sigue tú.

Soraya volvió a coger la polla del perro e hizo que Patricia se agachara. Cuando su cara estuvo frente a la polla, la acercó lentamente.

– Chupa, verás que rica sabe.

Patricia cerró los ojos, y lentamente se fue metiendo la polla en la boca. Cuando abrió los ojos, se vio con la boca llena de una polla enorme. “Madre mía, no parecía tan grande cuando la he cogido con la mano”, se dijo a sí misma. “Uff…y no para de salir líquido caliente…no sé si podré aguantarlo todo en mi boca”…

– Sigue así, lo estás haciendo muy bien. Supongo que debes tener sensaciones muy raras, primero la de tener la boca llena, y segundo la de no poder aguantar toda la leche. Si quieres para de mamar, y trágatelo.

Patricia sacó la polla de su boca, y sus labios empezaron a rezumar leche por los lados. Cerró los ojos, y de tragó la leche de una vez.

– Uau….vaya, cuanta leche..y que viscosa..

– Sí, pero está sabrosa, al menos a mí me lo parece – dijo Soraya. Ahora que has pasado la prueba más difícil, creo que ya podemos pasar a cosas más interesantes.

– ¿A qué te refieres?

– Pues que….vamos a preparar tu culito para darle su merecido…

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